Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
La inmigración no es solo una cuestión de política pública o de aplicación de la ley; toca la esencia misma de nuestra fe. Toda persona es creada a imagen de Dios y merece dignidad, compasión y cuidado. Jesús mismo conoció la experiencia de ser refugiado y nos manda acoger al extranjero, pues al hacerlo lo acogemos a Él.
Un sistema migratorio deficiente no mejorará con el miedo. Apoyamos una reforma integral del sistema migratorio estadounidense mediante el diálogo y un enfoque que respete tanto las fronteras como la dignidad humana.
Cuando una parte del Cuerpo de Cristo sufre, todos sufrimos. A nuestros hermanos y hermanas inmigrantes: no están solos. Vemos su miedo y sufrimiento, y nos solidarizamos con ustedes.
Cuando circunstancias ajenas a tu control te impiden asistir a Misa, quedas dispensado de la obligación; tu ausencia no es una falta sino una carga que llevamos juntos.
Agradezco a todos los que acompañan con amor a los inmigrantes y exhorto a los líderes a buscar soluciones justas y humanas. Nos reconforta saber que Cristo camina siempre con nosotros y que, para todos, nuestra verdadera patria es el Reino de Dios, donde habitaremos juntos en perfecta paz.
En Cristo,
† Luis Rafael Zarama, JCL
Obispo de Raleigh