Si Dios quiere esta noche dormiré en Lourdes, muy cerca de la gruta de la Virgen. Es un viaje rápido, de menos de 48 horas, que hace años realizo con algunos amigos para poner a los pies de la Virgen todo este año. Vamos en invierno, que hace frío, llueve?, pero suele haber mucha menos gente y puedes pasar ratos tranquilos en la gruta. Rezo bien en Lourdes y os tendré a todos presentes.
Lo despertaron, diciéndole:
«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:
«¡Silencio, enmudece!»
El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo:
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?»
Tenemos que volver a recuperar el silencio, al que llaman portero de la vida interior. Hemos llenado todo de ruido, músicas, danzas y movimiento. Yo creo que Dios se duerme con tanto ruido. Parece que asusta el silencio. Somos capaces de ir a encuentros y conciertos multitudinarios, pero nos asusta pasar a la Iglesia y ponernos frente al Sagrario. Así hay tanto cristiano inquieto, que no transmite paz ni calma.
Recuperemos el silencio, la paz. No hay que llenarlo todo de palabras o actividades. Estamos en la barca de Pedro y, aunque parezca que duerme, Jesús es el capitán. No tengamos las parroquias cerradas como si estuvieran vacías. Esta Jesús en el Sagrario y estando con él vivimos en fe y recuperamos la paz.
Hay multitud de cuadros que muestran a María rezando, en paz, en silencio. Metete en esas escenas con San Juan Bosco, con todos los santos.